Homilía de la solemnidad de la Santísima Trinidad (lecturas)
Hablando con un chico me decía que quería ir por la rama de humanidades o artes, que eso se le daba mejor, pero que le molestaba mucho porque sus compañeros que iban a coger ciencias le decían que se iba ahí porque no quería estudiar y que ese bachillerato valía menos que el de ciencias. A servidor, que hizo letras puras, este tipo de discusiones le tocan la fibra sensible. Estuvimos hablando de que Dios le ha dado a cada uno un tipo de inteligencia. Hay quien tiene una mente más apta para ciencias, otros más apta para letras. Hay quien tiene una inteligencia práctica, quien la tiene más teórica y quien la tiene más artística. En este nivel no es cuestión de quién es más inteligente o qué es más fácil, sino de encontrar el campo para el cual uno ha sido hecho. Absurdo sería que quien tiene una mente más de físico o matemático quisiera hacer una especialidad en literatura o que quien tiene una mente para las humanidades tratase de ser un crack de la química.
Hoy celebramos el domingo de la Santísima Trinidad, que es un misterio cuya
Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios o a rezar, solemos pasar de largo cuando encontramos cosas que no entendemos o que nos parecen muy lejanas. Incluso los sacerdotes los hacemos. Podemos tener la tentación de hacer lo mismo ante el misterio de la Santísima Trinidad y, sin embargo, nos viene muy bien ponernos delante de él, precisamente porque es algo que supera con creces nuestras capacidades. Nos viene muy bien porque es un misterio que lleva a reconocer la grandeza de Dios. Y es que, aunque los hombres juguemos muchas veces a ser Dios, pretendiendo transformar las leyes naturales, incluso la propia naturaleza humana, Dios es más grande que nosotros a todos los niveles y nuestra vida está en sus manos. Nos viene muy bien porque nos lleva a darnos cuenta de que, aunque vivimos inmersos en continuas luchas de egos y orgullos, siempre hay Alguien por encima que nos supera. Nos viene muy bien porque, aunque pretendemos situarnos por encima del bien y del mal, incluso tratando de decidir sobre la vida y la muerte, el misterio de la Trinidad nos recuerda que hay un solo principio y fin, un solo creador y señor de la vida y de todo lo que nos rodea, un solo juez de vivos y muertos.
Con la Virgen María y los santos damos gloria a la Santísima Trinidad todopoderosa y llena de amor.