Homilía del 2º Domingo del Tiempo Ordinario (lecturas)
Si esto pasa hoy, imaginemos ahora las bodas de Caná y ese momento en que la Virgen se da cuenta de que a los novios se les va a acabar el vino de la celebración. Conviene introducir una pequeña explicación. Las bodas judías en tiempos de Jesús (desconozco si también en la actualidad) comenzaban al oscurecer y lo hacían con la marcha de la novia a casa del esposo acompañada de un cortejo de jóvenes. Una vez que llegaba, la fiesta se prolongaba varios días. Según la Mishná, que es un conjunto de explicaciones sobre la Ley judía, la duración de las bodas era de siete días si la desposada era virgen, y tres si era viuda. Sucedía que, como a las bodas iba todo el pueblo, los invitados se renovaban cada día. Así, podía pasar lo que pasó a los novios de Caná, que lo que habían calculado para el vino se les quedó corto y se iban a ver en un gran aprieto de cara a los invitados. Entonces, ahí aparece María que le indica a su hijo la situación, no tienen vino, y manda a los servidores que hagan lo que Jesús les diga. En un principio, parece que Jesús se resiste a lo que le está pidiendo su madre, pero, finalmente, realiza el milagro convirtiendo en vino el agua de 6 tinajas de unos 100 litros cada una, llenas hasta el borde. San Juan, que estaba allí presente, nos dice que este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.
De entre las muchas cosas que podrían decirse de este episodio de la vida de Jesús, vamos a destacar una figura: María. Este episodio nos ayuda a entender el papel de la Virgen María en la vida de Jesús y en la nuestra propia. Podrían mencionarse varias cosas.
En primer lugar, Jesús y María aparecen trabajando en equipo, juntos. Es un tándem
En segundo lugar, en ese equipo que forman Jesús y María, María pone a la gente a las órdenes de Jesús. Les dice a los servidores haced lo que Él os diga. Lo que Jesús pide después a los servidores es inaudito: que llenen las tinajas de agua y las lleven al mayordomo como si estuvieran llenas de vino. Les podía haber caído la del pulpo. Pero lo hacen. Y lo hacen porque se fían de Jesús. ¿Por qué se fían de Jesús si todavía no había hecho ningún milagro (san Juan nos dice que éste es el primero)? Porque María les ha dicho haced lo
De este episodio se deduce claramente la fuerza y la importancia de la acción de la Virgen María. María está ahí para socorrernos en nuestras necesidades y para llevarnos a Jesús. Nos socorre en lo humano, pues estaba allí en una boda cuidando de que no faltase el vino, y en lo divino, pues la conclusión fundamental del relato es que, desde entonces, los discípulos de Jesús creyeron en Él.
No descuidemos nuestra devoción a la Virgen. San Bernardo de Claraval decía: “Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas en los escollos de las tribulaciones, mira a la Estrella, llama a María”.