Homilía de la solemnidad de la Epifanía del Señor (lecturas)
Si los Reyes Magos no nos han traído lo que hemos pedido, ¿qué lección nos quieren dar? ¿qué podemos aprender?
- Ser agradecidos con todo. Detrás de un regalo siempre hay un amor gratuito. Los regalos que nos traen los Reyes nos hablan del amor que Dios nos tiene, un amor que no merecemos. Cuántas veces nos mereceríamos carbón y, sin embargo, los Reyes nos traen cosas chulas, aunque no sean lo que hemos pedido. Lo más importante de los regalos de Reyes es que vienen cargados de amor.
- Aprender a conformarse. Creo que uno de los grandes miedos de los Reyes Magos es que nos convirtamos en personas caprichosas, porque a las personas caprichosas no hay quien las aguante. Siempre tiene que ser todo como ellos quieren. Qué horror. Una dosis de no recibir lo que pedimos nos viene bien para no ser caprichosos. Los Reyes lo saben.
- Recibe lo inesperado. A veces, lo mejor no es lo que queremos, sino lo que recibimos de quien nos quiere de verdad. Seguro que más de una vez hemos descubierto en un regalo inesperado de los Reyes el que más nos ha gustado o nos ha servido. Esto pasa mucho en la vida. Dios no nos lleva siempre por donde queremos. Cuando eso sucede, aunque nos cueste, lo mejor que podemos hacer es fiarnos de quien nos ama. Nadie nos ama como nos ama Dios. No recibir lo que hemos pedido a los Reyes nos enseña a recibir lo inesperado.
- Lo más importante: el Niño Jesús es el mejor regalo. Nuestras pequeñas insatisfacciones materiales nos dicen que hay algo, mejor dicho, Alguien, que es mucho más grande y que llena nuestro corazón de felicidad y de sentido que cualquier regalo material: Dios, nuestro Señor, que en Navidad contemplamos hecho niño. Los Reyes Magos no se dieron una paliza de viaje hasta el portal de Belén para encontrar cosas materiales, sino para encontrar el amor de Dios, el sentido de su vida. Lo reconocieron en el Niño. Por eso, el Evangelio dice que entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. En el día que comúnmente llamamos de los Reyes Magos, Jesús es el mejor regalo.
Hoy nos toca a nosotros hacer esa adoración que ellos hicieron en el portal y hoy hacen en el Cielo. Venir a misa el día de Reyes no es fácil. A uno le gustaría estar abriendo regalos y disfrutando de ellos, de los niños, de la familia, todo el día. Pero traicionaríamos el significado de esta fiesta, traicionaríamos lo que los Reyes hicieron y hacen si no descubriéramos que Jesús es el mejor regalo. Que la Palabra y la Eucaristía de hoy nos ayuden a recibir a Jesús en nuestra vida. La Virgen María, que presentó al Niño Jesús a los pastores y a los Reyes, también nos lo presente a nosotros y nosotros podamos descubrirle como el mayor regalo de nuestra vida.