La homilía del Domingo

¿Y si los Reyes no me han traído lo que he pedido?

Homilía de la solemnidad de la Epifanía del Señor (lecturas)

Del día de Reyes, dentro de lo bonito que es, hay dos cosas bastante frustrantes. La primera es cuando quieres abrir los regalos pero no puedes porque no todo el mundo se ha levantado de la cama y tienes que esperar. Estás ahí con el ansia viva esperando a que esté todo el mundo y siempre hay alguno que no se levanta porque no le da la gana. En las familias numerosas siempre hay un hermano que se hace el graciosillo con esto. La segunda es cuando haces la carta de Reyes con toda la ilusión del mundo y luego sus Majestades no te traen lo que pides, sino otra cosa distinta. Esto pasa mucho. Con el tiempo uno va comprendiendo lo que pasa. Al principio pensaba que, claro, los Reyes son Magos, pero los pajes que los ayudan no, y los pajes se equivocan. Pensaba que era un error de quienes ayudan a los Reyes a repartir regalos. Pero, luego, uno empieza a comprender distinto: ¿y si los Reyes quisieran que con el hecho de no recibir lo que hemos pedido, al menos no todo, aprendiéramos algo? Los Reyes Magos son gente sabia y con su sabiduría no solo nos traen cosas, sino que nos enseñan cosas importantes para nuestra vida, ya desde que somos pequeños.

Si los Reyes Magos no nos han traído lo que hemos pedido, ¿qué lección nos quieren dar? ¿qué podemos aprender?

Cierto. Jesús es el mejor regalo. Por eso, desde muy antiguo este día se llama, en realidad, día de la Epifanía del Señor. Significa que el Señor se manifiesta a todo el mundo como Dios el día en que aquellos sabios de Oriente llegaron al portal de Belén y le adoraron como Rey (oro), como Hijo de Dios (incienso) y como hombre que entrega su vida para salvación de todos (mirra). La imagen de la adoración de los Reyes aparece ya en las catacumbas de Roma y en los mosaicos de san Apolinar de Rávena con los nombres de los Reyes: Melchor, Gaspar y Baltasar, en actitud de ofrenda de sus dones a la Virgen sentada en un trono de gloria y con el Niño en sus rodillas.

Hoy nos toca a nosotros hacer esa adoración que ellos hicieron en el portal y hoy hacen en el Cielo. Venir a misa el día de Reyes no es fácil. A uno le gustaría estar abriendo regalos y disfrutando de ellos, de los niños, de la familia, todo el día. Pero traicionaríamos el significado de esta fiesta, traicionaríamos lo que los Reyes hicieron y hacen si no descubriéramos que Jesús es el mejor regalo. Que la Palabra y la Eucaristía de hoy nos ayuden a recibir a Jesús en nuestra vida. La Virgen María, que presentó al Niño Jesús a los pastores y a los Reyes, también nos lo presente a nosotros y nosotros podamos descubrirle como el mayor regalo de nuestra vida.