Homilía del 1º Domingo de Adviento (lecturas)
Junto a estos calendarios comerciales están apareciendo otros más espirituales que sería bueno que los fuéramos adoptando como parte de nuestro adviento. Estos calendarios más espirituales tienen el mismo formato que los otros pero en la ventana de cada día indican una acción a realizar: consuela a alguien que esté triste, habla de Dios a un amigo, ayuda en casa sin que te lo pidan, reza por los cristianos perseguidos, … un montón de cosas. Lo bueno de estos calendarios es que aunque no tengas uno porque no lo has encontrado o nadie te lo ha dado, te lo puedes hacer tú mismo y cada día buscar esa obra espiritual o material que santifica, que ayuda, que acerca a Dios, que nos hace sensibles a las necesidades de los otros. Con ello, nos prepararemos mucho mejor para la celebración del misterio de la Navidad, mucho mejor que si lo dejamos en las velas de la corona de Adviento o en las chocolatinas o en las cervezas de los calendarios.
Esto está muy en sintonía con el mensaje del Evangelio de hoy: tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día. Es un aviso del Señor muy útil, no sólo para ahora, sino para cualquier época del año. Porque es cierto que los días de Navidad que se acercan suponen fiestas, reuniones, comidas, cenas, encuentros, risas, añoranzas, compras, algunas disputas también, y un montón de cosas que fácilmente aparten nuestra mirada del misterio del nacimiento de nuestro Dios. Y es cierto que la celebración de la Navidad pasa rapidísimo y dentro de nada pasa la Nochevieja y pasan los Reyes y por eso dice Jesús también tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones… y se os eche encima de repente aquel día. Pero no es menos cierto que también el corazón se nos adormece durante el año normal y corriente con estas cosas y con otras semejantes y que Jesús está mendigando nuestro amor pidiéndonos más atención no sólo en la época en la que lo vemos acostado en el pesebre, sino también en la época en la que no hay pesebre, pero nos espera en el Sagrario, y en la época en que lo vemos en el prójimo. El Señor nos quiere despiertos todo el año, aunque ahora en Adviento, como preparación a la Navidad, se nos haga más hincapié en esto.